Aviso:
“QUIENES ESTAMOS CONSCIENTES DE LA GRAN OBRA DEL GOBIERNO MILITAR,
ANULAREMOS NUESTROS VOTOS EN LAS FUTURAS ELECCIONES (DE CONCEJALES),
EN DEMANDA DE LA LIBERTAD DE LOS SALVADORES DE CHILE ENCARCELADOS,
Y POR EL FIN DEL PREVARICADOR ACOSO JUDICIAL EXISTENTE EN CONTRA DE ELLOS”

martes, 13 de enero de 2009

Pinochet y los judíos



Por C. Garay Vera

1. PREAMBULO



El juez Baltasar Garzón acusa, en una de las partes más importantes de su querella, de genocidio a Augusto Pinochet Ugarte. Según ésta, su gobierno habría perseguido a los judíos como parte de una campaña para eliminar las diferencias en las concepciones de vida, religión y tradición nacional que se aplicaba el Régimen Militar. Como dice la revista «Tiempo» de Madrid, se supone que este elemento -la persecución étnica- habría sido determinante. Así por ejemplo se dice:



«Entre las víctimas de Calama figura el periodista y abogado Carlos Berger Guralnik. Berger era un ciudadano chileno de ascendencia judía. Los judíos fueron objeto de una especial crueldad en las torturas por el hecho de serlo, según reconoce el juez Baltasar Garzón en el auto en el que pide la extradición del general Pinochet»
(1).



Para creer en esta persecución, habría que probar que los judíos eran considerados culpables de la Unidad Popular y que por ello eran victimados. O subsidariamente, que los judíos representaban un elemento contrario a la intervención militar. Dos aseveraciones que parecen negadas por a la evidencia histórica, pues en ningún momento se individualiza dentro de los marxistas-leninistas a los judíos como responsables de la Unidad. En el naufragio de la democracia en Chile, los judíos no tenían ningún papel especial.(2)

Esta insistencia se explica por la vaciedad argumentativa del juez Garzón para justificar la «jurisdicción universal» desde la legislación española. Pues incluir el genocidio es una maniobra forzada cuando se recuerda que este es la persecución sistemática por razones étnicas y de identidad de un grupo distinto del persecutor. Es decir, debería darse una relación del mismo tipo que entre la Alemania de Hitler y los judíos. Como dijo en un seminario en El Escorial en 1999 el propio Baltasar Garzón, para seguir con el juicio era necesario usar un concepto «ampliado» de genocidio que cubriera la represión política (el autogenocidio) y permitiera al organismo español respectiva darle jurisdicción.

Ahora bien, es necesario detenerse en este concepto para el caso chileno, toda vez que la acusación de genocidio parece sacada del sombrero del prestidigitador para fundar un juicio que, a todas luces, se ha convertido en una causa general, en una operación de enjuiciamiento político jurídico «salga como salga».

El sentido de este artículo no es otro que restablecer la verdad histórica, pues parte de las argumentaciones de Garzón emanan de una lectura unilateral del proceso histórico previo y posterior a Salvador Allende. Pero, además, podemos sugerir una tesis contraria, cual es una marcada simpatía con el judaísmo (quizás más relativamente con el Estado de Israel) por parte del Gobiemo de Pinochet.

La segunda finalidad, es recalcar que el concepto de genocidio no puede entrar dentro de las acusaciones que contra el senador se han efectuado, y menos por causa de un hipotético antisemitismo. De hecho, la única tesis desechada expresamente por el Ministro Straw fue lo referido al genocidio en sus intervenciones extrajudiciales sobre la pertinencia del proceso en Londres. Por genocidio sólo cabe caracterizar la política consciente de persecución y eliminación de un grupo distinto a otro, debido a motivos raciales, étnicos o religiosos.

2. La Unidad Popular

A comienzos de 1970 se censaban 16.359 judíos residentes en Chile según el Instituto Nacional de Estadísticas. Este dato se contrasta con otro de 30.000, si se incluyen los judíos-chilenos incorporados por Mario S. Sznajder. Dado que el dato de la religión judía no se ha consignado estadísticamente (introduciendo otros como condición étnica indígena o religión protestante) estos datos no pueden ser comparados aunque se cree hubo entre 25.000 y 42,000 judíos en Chile entre 1981 y 1982. Una argumentación necesaria para probar un «genocidio», sería justamente una disminución radical del número de judíos, lo que no se dio.

Quizás, habría bastado al juez Garzón leer la versión oficial publicada por Folio Editores, Barcelona, en 1989, traducida del Atlas of the Jewish World, Oxford, según la cual,



«En la década de los treinta hubo importante afluencia de refugiados alemanes y húngaros. El antisemitismo halló un terreno fértil en Chile, dividido por conflictos intemos, y atrajo emigrantes nazis y árabes. En el caos social y económico prevaleciente bajo el gobierno marxista de Salvador Allende (1970-1973), muchos judíos abandonaron el país, y algunos volvieron al establecerse el régimen más estable del general Pinochet, cuya censura acalló de paso, a los periódicos antisemitas, (3) hasta entonces legales. La asimilación ha sido fuerte; el matrimonio mixto alcanza el 30%. A pesar de todo, hay un gran número de organizaciones judías, sobre todo en la capital, donde reside el 90 % de los judíos chilenos».(4)



El estudio El judaísmo chileno y el Gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) del profesor Mario S. Sznajder, (5) patrocinado por la Unión Mundial de Estudios Judaicos e impreso por la Editorial Universitaria Magnes de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dice: «La comunidad judía de Chile, siendo parte integral de esa sociedad, sufre las conmociones que afectan al país, pero de un modo particular, que refleja su composición socio-económica, su memoria colectiva y su estructura organizativa». (6)

Sin duda, la polarización política afectó también a los judíos en Chile, dividiéndose estos según su posición en la sociedad, sobre todo frente a la expropiación generalizada de las grandes industrias y distribuidoras de productos que empresarios de esa procedencia poseían,y también en razón de sus preferencias políticas, existiendo un grupo de activistas fuertemente comprometidos con el Gobiemo de Allende que constituyeron en vísperas de la campaña presidencial, el FIS (Frente de Izquierda Sionista).

Aunque el Comité Representativo de Entidades Judías, que aglutinó a otras organizaciones, se declaraba apolítico desde los años 40, lo cierto es que desde el inicio de Allende hubo zozobras. Si bien Allende era amistoso con la colonia,(7) la sola mención del comunismo aterrorizó a los judíos provenientes del Este, que desde el 4 de septiembre de 1970 abandonaron el país, recordando los horrores y desdichas a que estuvieron expuestos. Se calculan en 8.000 judíos los que salieron de Chile por desconfianza política. Primero unos 5.000 y luego 3.000, tras la flamígera visita de Fidel Castro a Chile, en noviembre de 1971, cuando incitó a tomar las armas.

Los que se quedaron fueron víctimas de las confiscaciones de industrias, servicios y comercios, el más destacado fue la expropiación del Banco Israelita, que inclinaron a los empresarios judíos a favorecer la oposición al gobierno de Allende y a apoyar el establecimiento del nuevo régimen militar tras el 11 de septiembre de 1973.

En síntesis, se puede concordar con Sznajder cuando afirma: «El conflicto en Chile no era étnico sino político-social. Los ju-díos no pudieron substraerse a él y fueron absorbidos, en el marco de un modelo que fue adquiriendo, mes a mes, características más centrifugales, sobre la base de su extracción social y no étnica».(8)


3. EL REGIMEN MILITAR

La intervención militar no podía ser indiferente a los judíos y fue aludida en un saludo del Gran Rabino a las nuevas autoridades para «cumplir con sus nobles propósitos de encauzar al país por una senda de paz, progreso y justicia social».(9)

Pocos días después, la Colectividad Israelita se dirige a la Junta de Gobiemo para donar 7,5 millones de escudos para la campaña de Reconstrucción Nacional. Mientras el rabino Kreiman gestionaba salvoconductos para algunos judíos de izquierda, dirigentes judíos visitaban al Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, general Gustavo Leigh, al cual le manifiestan su apoyo a la labor de reconstrucción,a la vez que éste les prometía que no habría antisemitismo.(10)

Los lazos exteriores del Régimen Militar fueron de cercanía con respecto a Israel. Así, por ejemplo, se trajo un experto israelí, el profesor Dror para configurar un programa de desarrollo territorial denominado la Regionalización, por la cual se dividió al país en 12 Regiones y la Región Metropolitana, según cuenta el ex Vicecomandante en Jefe del Ejército, Teniente General Julio Canessa Robert, (11) ex director en 1975 de la Comisión Nacional para la Reforma Administrativa (CONARA), órgano entonces de carácter ministerial.

Pero las relaciones más importantes del Estado chileno con el de Israel se dieron en el terreno militar. Estas se acrecentaron tras 1978 con el embargo de armas de Estados Unidos, que obligó a adquirir aprovisionamientos bélicos en países distintos a los habituales. Así Israel se convirtió en una de las naciones más favorecidas por la renovación del material blindado, compras de armas automáticas y semiautomáticas, elementos de protección, equipos policiales, etc.

Además, se introdujo la táctica israelí de blindados, que pasó a ser parte de la doctrina del Ejército chileno. Numerosos oficiales chilenos fueron entrenados en sus presupuestos tácticos y estratégicos. Aún más, se llegó a sostener que Chile compartía con Israel una similar situación geoestratégica de cerco militar. Conforme a esta tésis -se vivían momentos difíciles con Argentina- se enviaron oficiales para entrenarse en técnicas de blindados, comandos y contrasubversión. Más tarde los programas se extendieron a la modernización de aviones y compra de misileras.


Los Judíos y Pinochet

La relación de Pinochet con los judíos se estructuró en torno a la religión en un marco ecuménico. Además, se advierte la presencia de numerosos judíos observantes, incluso en puestos deslacos. Hubo embajadores, generales, y ministros, como Sergio Melnick, Ministro de Planificación Nacional. También hubo una activa relación con la colonia judía, no obstante, algunas diferencias con Israel en materias internacionales. (12)

Esta cercanía de la comunidad judía con Pinochet no es nueva. Su hija, Lucía Pinochet Hiriart, en su libro "Augusto Pinochet. Pionero del mañana", editado en 1996, ilustra la misma con la fotografía del afectuoso saludo del Jefe de Estado a los líderes de la comunidad judía.(13)

¿Cuándo empiezan estos contactos? Son inmediatos al 11 de septiembre, cuando varios jefes religiosos, entre los que se encuentran el Presidente Internacional de las Iglesias Bautistas, la Asociación Evangélica, los Obispos de la Iglesia Ortodoxa, la Masonería (considerada como religión) e incluso epistolarmente el Arzobispo de Canterbury, toman contacto con el gobierno militar. El 30 de octubre de 1974, Pinochet recibe la visita del Gran Rabino, Dr. Angel Kreiman Brill, «con quien -dice el historiador Gonzalo Rojas- el Presidente tiene una relación muy amistosa» que incluye «entrevistas semanales desde octubre de 1973 hasta finales de 1974».(14)

El mismo Rojas, que ha revisado el Archivo Pinochet, menciona además el curioso incidente, por el cual Pinochet intenta prohibir «El violinista en el tejado» (que finalmente se exhibió) porque «alguien» le ha dicho que es perjudicial para la imagen de los judíos.(15)

Esta relación no se interrumpe nunca. Aunque también esconde una desavenencia especialmente importante: la participación del Gran Rabino en la carta multieclesial del 29 de agosto de 1974 que critica la política de Derechos Humanos. La misiva, gestionada por el Cardenal Raúl Silva Henríquez convoca también al Obispo católico Carlos Camus, al Obispo luterano Helmuth Frenz, al pastor pentecostal Vásquez. Aunque «privada», su contenido se difunde y Pinochet da explicaciones de su respuesta, en reuniones sucesivas, una de las más importantes la dedica a Kreiman. (l6)

Igualmente, la colonia tuvo miembros detractores del Gobieno Militar, como el escritor Ariel Dorfmann, una de las fuentes consideradas por Garzón, o el ex diputado Jorge Schaulsohn.(17)

La segunda parte de nuestra hipótesis tiene relación con el elemento judío en el Gobiemo Militar. Es evidente que Pinochet tuvo tendencia a rodearse -entre otros- de judíos en todos los cargos y puestos de gobierno. Aunque no he estudiado en profundidad la política en relación al Medio Oriente (ver nota 12), las relaciones militares y económicas superaron la frialdad político-ideológica con los gobiemos israelitas.

Además, hubo una búsqueda de apoyo en la colonia judía y un consiguiente respaldo de ésta al General Pinochet. En los inicios del Régimen Militar, numerosas autoridades fueron de religión y ascendencia judaica. Pero sorprende que además hubiera asesores israelíes. Cierto sector habló de estos como la «cara judía» del Régimen, según los voceros del nacional-socialismo criollo.

Hay que valorar el testimonio del ex Ministro Sergio Melnick, quien en carta dirigida a El Mercurio recordaba: «En 1987, cinco Presidentes del mundo, entre los que se encontraban el de Estados Unidos y nada menos que el general Pinochet, suscribieron un documento mundial patrocinado por un movimiento ortodoxo judío (Jabad), sobre los siete mandamientos universales de Noé para los hombres y la sociedad. Si sólo lo hicieron cinco Presidentes en el mundo, difícilmente se podría decir que alguno de ellos sería un antisemita''.(l8)

Finalmente, es significativo que en el entorno de la defensa jurídica de Pinochet haya numerosos judíos. De partida, de sus dos ex Ministros de Relaciones Exteriores que le acompañan en Londres, Miguel Alex Schweitzer y Hernán Felipe Errázuriz, el primero es judío e hijo de otro Ministro, Miguel Schweitzer Spesky, que sirvió la cartera de Justicia de Pinochet. Michael Caplan, jefe de la oficina jurídica británica defensora, también es judío observante y en tal condición se presentó ante la colonia judía en el Estadio Israelí por expresa petición de Pinochet. Un mensaje personal de Pinochet fue enviado a Chile manifestando el dolor que le causaba que en España le hubieran imputado persecución a los judíos.

La actitud favorable de Pinochet a los judíos se aproxima a la de Franco,(19) esa que permitió salvar miles de vidas. Dejemos a un judío sefardí chileno, nacido en Turquía, decirlo: «Yo no sufrí los horrores de la ocupación alemana de Francia ... En cambio, mi hermana tuvo que refugiarse varios meses en un convento. En ese tiempo, el gobierno de España, a pesar de que era fascista, recibió en su embajada en Francia a miles de judíos [sic]. La gente se subía por los techos para meterse en la embajada, y salían con un pasaporte español que impedía que los apresaran».(20)

La acusación de Garzón fue alimentada por su visión del proceso argentino, en el cual se asevera que se reprimió un número significativo de judíos relación a la población del país. Garzón empezó a investigar el tema para probar originariamente que el Régimen Militar argentino era antisemita. Para ello recibió un informe de 200 páginas de activistas en Derechos Humanos que sostenían la tesis de una «represión antisemita planificada». En el informe «Nunca Más» se consigna, además, que los judíos argentinos fueron víctimas de un «especial ensañamiento político». Según Edward Kaufman, director Ejecutivo del Instituto para el Progreso de la Paz de la Universidad Hebrea de Jerusalén, las 1.900 víctimas judías durante la represión constituirían la mayor matanza de judíos desde la Segunda Guerra Mundial. Según el informe «La violación de los derechos humanos de argentinos judíos bajo el régimen militar», el 12,5% de los desaparecidos eran judíos y el 15,6% de los ejecutados, lo que contrasta con el 0,98% que representaba la colonia judía en la Argentina.


El abogado Raúl Castro declaró a El Clarín de Buenos Aires que «Existen numerosas pruebas de que muchas personas fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas exclusivamente por su condición de judíos».(21) Argumento que además se presentó en la vista ante la House of Lords de Londres. Precisamente por eso, el senador Pinochet solicitó a su abogado judío-británico Michael Caplan que visitará Chile y se formara su propia opinión asistiendo a una reunión con la colonia judía en el Estado Israelita, donde aquel quedó sorprendido de la defensa que se hizo de la figura del general. El Mercurio de Santiago consignó el momento:



«-¿Por qué se reunió con la comunidad judía?

«-Me junté con ellos porque el senador Pinochet estaba muy molesto con la acusación, que está en el requerimiento español, que durante el gobierno militar hubo antisemitismo en Chile. Y el senador me pidió recoger por mí mismo su impresión y ellos me aseguraron que no sólo no fueron perseguidos, sino que recibieron su ayuda, dándome ejemplos.»(22)

Recapitulación

El examen de los hechos arroja la certidumbre de que el régimen de Pinochet no persiguió a los judíos como tales. En los casos que se menciona de represión política no había motivación étnica, ni racial, ni religiosa. Su inclusión entre las víctimas de la represión no sigue un patrón, del mismo modo que entre sus partidarios o en los partidos de centro derecha (23)

El juez español parte de la ficción de denunciar una «ideología» que no existe y que no tenía viabilidad si el líder era más bien projudío. Por esto, para el Comité Representativo de Entidades Judías de Chile (CREJ) los hechos son tan claros que el 19 de noviembre de 1998 remitió el siguiente comunicado en nombre de los judíos chilenos, dirigido a Garzón:



«De mi consideración: «En la prensa chilena, recientemente se han publicado afirmaciones suyas que aseveran que en Chile, durante el régimen militar, existió antisemitismo». «El CREJ de Chile, organismo que reúne a las comunidades e instituciones judías del país, expresa enfáticamente a usted que en el período en referencia el judaísmo chileno no se vio afectado por manifestaciones antisemitas, pudiendo desarrollar su quehacer religioso, cultural y educacional sin contratiempo». «Elimat Y. Jason, Presidente del Comité Representativo de las Entidades Judías de Chile».(24)



¿Qué explica el uso del argumento del genocidio en Garzón? Primero, fabricar de la nada una imputación. Pero, más allá de eso, proceder con una mitificación, pues como se ha demonizado tanto a las dictaduras militares del Cono Sur, que parece creíble -desde la distancia- que Pinochet pueda ser Hitler, y su política interna derivada de aquél. Todo válido para juzgar a Pinochet y leerle sus «derechos constitucionales» españoles. Es decir, para que un ex Jefe de Estado y nacional de otro país acate una Constitución española que no ha jurado, lo que constituye parte de las contradicciones de la pretendida jurisdicción universal de legislaciones nacionales.




Apéndice: Carta de Benjamín Zeev (El Mercurio, 21-XII-1998).

Señor Director: Nací en Polonia. En la guerra, los nazis alemanes nos sacaron de las casas y departamentos y nos trasladaron al peor barrio de la ciudad, que se convirtió en ghetto. Medio año después, en una noche los soldados SS pasaban casa a casa y como cazadores de animales actuaban en forma brutal, domándonos y empujándonos en trenes de carga.

El tren llegó al campo de Auschwitz. Allá en una selección, el famoso asesino y sádico Dr. Menguele me sacó junto con aproximadamente cien hombres y mujeres, y corriendo nos llevaron a unas cabañas cercanas. Todo el resto fue transferido a una construcción baja, donde en una gran sala con duchas, que fue de hecho una cámara de gas, murieron ahogados. Después los cuerpos fueron quemados en cuatro crematorios y sus cenizas se botaban en el río una vez por semana.

Mi madre de 40 años, mi padre de 43, mi hermano de 12 y toda mi familia han terminado sus vidas de esta misma forma.

Después de meses de terribles sufrimientos, logré saltar del tren cuando nos trasladaban a otro campo. Gracias a Dios pude llegar a Israel donde formé una familia feliz con hijos y nietos.

A principios de los 80, fuí nominado como miembro de la delegación diplomática de Israel en Chile por más de tres años. Desde entonces, mi familia y yo tenemos muy fuertes sentimientos para este hermoso Chile y su cálida gente. Hasta hoy, estamos en contacto frecuente con nuestros amigos.

Todo esto lo estoy contando para que se entienda que soy muy sensible al antisemitismo y todas las ideas o hechos similares a los de los nazis.

Ahora pienso que es mi deber decir en forma clara y con mi conciencia limpia, que en mis contactos con el general Pinochet, me he encontrado con un hombre no solamente lejos de ideas antisemitas, sino lo contrario, un simpatizante del pueblo judío, por sus sufrimientos históricos. Especialmente fue chocado profundamente con el holocausto, donde nuestro pueblo ha perdido seis millones de inocentes.

¿Dónde ha habido un Presidente en el mundo que ha asistido a una Sinagoga en el día Sagrado de Yon Kipur para expresar sus sentimientos hacia la comunidad judía? ¿Qué Presidente en el mundo mandó judíos conocidos y activos en la comunidad como embajadores a Israel (Gleiser, Berdichevsky, Benadava)?

En consecuencia, las acusaciones del juez Garzón al general Pinochet de que actuaba como hitlerista son sin ningún fundamento. Estoy convencido de que los pocos judíos que sufrieron en la primera fase del gobiemo de las FF.AA, en ningún caso el factor fue su religión o por ser judíos.

Benjamín Zeev L.



Cristian Garay Vera


(1) Revista Tiempo, Madrid, N. 863, 16-XI-1998, pp. 44 y 46. Es de destacar que la "prueba" en este caso es la presunción.


(2) Una leyenda posterior ha querido atribuir a Salvador Allende Gossens algo así como una identidad judía, aduciéndose la supuesta ascendencia de su segundo apellido. Sin embargo, Allende no era judío, sino agnóstico, y ni antes ni después ha sido reconocido como tal ni siquiera desde el punto de vista racial.


(3) Al parecer, se refiere al diario derechista Tribuna, que, apoyado por la colonia árabe, difundía un antisemitismo sin mayor repercusión según el informe del profesor Mario S. Sznajder.



(4) De Lange, N.: El pueblo judío. Odisea a través de los siglos, folio, Barcelona, 1989, Colección «Atlas Culturales del Mundo», p. 163. Edición original: Atlas of the Jewish World, Oxford.



(5) Jerusalem, 1993, http://www.geocities.com/gezai/centro/seleccionados/judaísmo up.html. También por revista electrónica Revista Judía. Der Ruf-El llamado Centro de Documentación.



(6) Sznajder, M. S.: El judaísmo chileno y el Gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), sitio www.geocities.com, p1.



(7) En 1940, Allende había sugerido como secretario general del Partido Socialista, recibir a los inmigrantes judíos sin visa ante el presidente radical Pedro Aguirre Cerda. Aunque no fue el único, su gesto fue bien recordado.



(8) Sznajder, M.: El judaísmo chileno y la Unidad Popular, p.8



(9) Declaración del Rabinato de Chile, 14-IX-1973, publicada en La Palabra Israelita del 28-IX-1973, p.29.



(10) Ver La Palabra Israelita del 26-IX-1973, p.10. Es de hacer notar que en ese momento, el general Leigh, comandante de la Fuerza Aérea, era el más duro y anticomunista de los miembros de la Junta



(11) «Mirando atrás, quizás haya que lamentar cierto grado de innecesaria burocracia y no haber utilizado plenamente algunas ideas modernas, como las que proponía el profesor israelita Yetzekel (sic) Dror, que CONARA [Comisión Nacional para la Reforma Administrativa], trajo al país y que también asesoró al Ministerio de Relaciones Exteriores", ver Julio Canessa Robert y Francisco Balart Pérez, Pinochet y la restauración del consQnso nacional, Geniart, Santiago, 1998, p.260. El profesor Yehezkel Dror trabajó con el general Humberto Julio. Ocupó puestos de importancia en el Partido Laborista de su país, en el Ministerio de la Defensa y después de Chile colaboró con la ~NAM, en México. Dentro de su vasta obra, traducida al castellano se encuentra el libro Enfrentando al futuro, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1990, reimpreso en 1993.



(12) Durante la vlsita de la Esmeralda en 1976 o 1977, las autoridades de ese país intentaron impedir el acceso al puerto de Haifa. En 1975, Chile presentó una votación en contra del sionismo amparada, al parecer, en la promesa árabe de no participar en acusaciones contra Chile. Sin embargo, tanto la presión estadounidense, como el cambio de posición por orden de Pinochet que manifestó que ese voto "no reflejaba su pensamiento sobre la materia", cerraron el tema. Ver Heraldo Muñoz y Carlos Portales, Una amistad esquiva. Las relacione~ de Estados Unidos y Chile, Pehuén, Santiago, 1987, p.1987. En 1980, contra la opinión israelí, trasladó la sede diplomática de Jerusalem a Tel Aviv (no lo hicieron solamente Costa Rica, República Dominicana y El Salvador). Ese año, también, Chile reconoció a la OLP.



(l3) Lucía Pinochet Hiriart, Augusto Pinochet. Pionero del mañana, Zig-Zag, Santiago, 1996, p.133.



(14) Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad. La Presidencia de Augusto Pinochet Ugarte ll.IX.1973 - ll.III.l990, Zig Zag, Tomo I, Santiago, 1998, p.123.



(l5) Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad, p.123, nota 296. El incidente se produjo el 17 de octubre de 1974.



(16) Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad, I, p.117.



(l7) Hijo del ex Presidente del Partido Radical Jacobo Schaulsohn. Se nos informa que tras dos períodos virulentos como parlamentario, Jorge Schaulsohn, de orientación socialdemócrata, la colonia judía le solicitó bajará su perfil para no comprometer la imagen pública. Además numerosos comerciantes e industriales de su distrito dejaron de apoyar económicamente su reelección. Actualmente apoya la candidatura del socialista Ricardo Lagos.



(18) El Mercurio, 21-XII-1998, p.A2.



(19) Aparte de las referencias del historiador Ben-Ami, ha salido recientemente el libro de D. Salinas, España, los sefarditas y el Tercer Reich (1939-1945)., La labor de los diplomáticos españoles contra el genocidio nazi, Valladolid, 1997.



(20) Testimonio de Jacques Rodrigues, judío sefardí, en Mario Matus González, Tradición y adaptación. Vigencia de los sefardíes en Chile, Universidad de Chile/Comunidad Israelita Sefardí de Chile Editores, Santiago, 1993, p.152.



(2l) Ver La Tercera, Santiago, 21-IV-1999, p.20. Más allá de la versomilitud de estas acusaciones, es evidente que nada parecido se desprende de los informes oficiales de Derechos Humanos en Chile.



(22) El Mercurio, Santiago, 16-V-1999, pág. D16, Reportajes, «La defensa de Pinochet en Chile. El Gobierno puede ayudar en las Cortes».



(23) En la derecha por ejemplo la diputada de Renovación Nacional, Lily Pérez (sefardita). Durante una de las campañas municipales recientes, partidarios de los candidatos socialista y democratacristianos difundieron un panfleto contra Pérez que decía "Queremos un alcalde cristiano para La Florida".



(24) El Mercurio, 22-XI-1998, pág. A2, sección Cartas al Director.


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